Jóvenes: De un año a 2 años.

Los rosados y blanco: Durante el año siguiente al de la cosecha, aunque el mejor momento para degustarlos es en los primeros meses.

Los tintos jóvenes y algunos blancos: Tienen una vida ligeramente más larga, se pueden consumir hasta después de dos años y un poco más.

Crianza: Después de 4 años es el plazo medio de vida óptima.

Reserva: Se pueden guardar de 8 a 10 años.

Gran Reserva: 15 años y más.

También debemos tener en cuenta el varietal ya que los Tempranillo, Graciano, Cabernet Sauvignon o Merlot, evolucionan más lentamente que los vinos de Garnacha, Monastrell o Syrah.

Recuerda que para guardar vinos en casa también debes tener en cuenta:

La temperatura ideal.

Para la buena evolución de las botellas es clave que no haya grandes saltos térmicos y que la temperatura ronde entre los 13º y 16°C.

Humedad.

Lo ideal es entre un 70 y 80 %, para que los corchos conserven la elasticidad y no se corran riesgos de derrame, filtración de oxigeno o formación de hongos.

Ventilación.

En un sitio con buena corriente de aire se evitan los hongos y los olores nocivos para el vino.

Luminosidad.

La luz suele ser enemiga del vino ya lo oxida y le confiere sabores de cartón. Lo mejor para guardarlo es un lugar oscuro.

Posición para guardar las botellas.

Acostadas, en posición horizontal o ligeramente inclinados. No hay otra opción. De este modo se garantiza que el vino permanecerá siempre en contacto con el corcho, de forma que el tapón no correrá riesgos de secarse o de perder su elasticidad y cualidades.

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